La guitarra clásica es un instrumento apasionante. Su expresividad y colorido orquestal lo hacen idóneo para la interpretación de obras polifónicas solístas de los más variados compositores y épocas. Todo esto unido a la técnica actual de la generación contemporanea de interpretes que ha revolucionado la forma de ver el instrumento creando una concepción mucho más pianística, que ha acercado los impresionantes recursos del piano a un público cada vez más interesado. Aún así, el mayor problema de muchos interprétes es que no son verdaderos músicos y delimitan sus conocimientos al mundo y repertorio especifico de la guitarra. Seguramente si hiciesemos una estadistica de guitarristas con estudios superiores de música, dirección de orquesta, composición... nos quedariamos asombrados de la falta de conocimientos musicales que adolecen muchos guitarristas.


  El repertorio de la guitarra ha sido también un delimitador de su expansión internacional como instrumento de concierto. Las tipicas obras de Tárrega, Sor, Fortea, etc. no podian darle el impulso que el instrumento requería para su reconocimiento ante  el público y la critica mundial. Por otro lado, las transcripciones de piano o de orquesta han sido criticadas con una dureza que sería inpensable en otros instrumentos aunque nadie duda hoy que muchas obras de compositores españoles como Granados, Albéniz, Falla suenan “mejor en la guitarra” que en el instrumento original.


  Por otro lado, hay que definir muy claramente el termino “transcripción” ya que desde el comienzo de la historia de la música se inerpretaban las mismas obras en instrumentos o agrupaciones de instrumentos distintas y aunque todo el mundo acepta que se interprete la obra de Laúd de Johannes Sebastian Bach en la guitarra de 6 cuerdas, debemos entender que se trata igualmente de una transcripción y además bastante fallida, ya que pierde la linea de los bajos originales del Laúd y el sonido es claramente diferente entre una guitarra actual y los instrumentos de la época.


  En el repertorio para piano se han interpretado multitud de obras compuestas originalmente para otros instrumentos y numerosas adaptaciones de obras de orquesta (incluso he escuchado una versión de Recuerdos de la Alhambra de Francisco Tárrega) y a nadie le parece extraño escuchar a Bach en un piano....


  Los guitarristas podemos estar agradecidos a las transcripciones, ya que seguro que la guitarra a conseguido más fama con Asturias de Albéniz, Los cuadros de una Exposición de Mussorgsky o la Chaconne de la segunda Partita de Bach que con obras propias, exceptuando el “Concierto de Aranjuez” y algún que otro “hit” como el Romance anónimo.


  Tenemos que luchar para que nuevos compositores de renombre reactiven las composiciones para la guitarra y creo que la premisa esencial es que conozcan que este instrumento tene muchas posibilidades y esto solo se consigue mostrando todo lo que se puede interpretar incluso obras de gran dificultad.


En la obra de Maurice J. Summerfield (tercera edición 1992, Ashley Mark Publishing Company), se ofrece una interesante hipótesis sobre el origen de la guitarra. Summerfield opina que debe descender de los instrumentos romanos tanbur o cithara, llevados a España por los romanos aproximadamente en el año 400 d.C. Esta teoría se opone frontalmente a la convencional, que dice que el antecesor directo de la guitarra es el ud, instrumento llevado a España por los moros después de la invasión de España durante el siglo VIII. En las siguientes líneas se establece una pequeña polémica basada en parte en la información publicada por el Museo de Prado de Madrid.


  Hay evidencias de que un instrumento de cuatro cuerdas parecido a la guitarra fue tocado por los Hititas (quienes ocuparon una región ahora conocida como Asia Menor y Siria) cerca del año 1400 a.C. Este instrumento se caracterizaba por sus lados suaves y curvos “una de las primeras características básicas de cualquier instrumento identificable como predecesor de la guitarra”. Los griegos también fabricaron un instrumento similar que fue luego modificado por los romanos. Ambas versiones parecen carecer de los lados curvos. Lo que es interesante aquí es que esa cithara romana apareció en España siglos antes de la invasión morisca.


  A pesar de esto, se ha interpretado que el primer instrumento parecido a la guitarra que apareció en España lo hizo sólo después de esta invasión con la introducción de ud arábico en el Sur. Pero con la introducción de la cithara romana siglos antes, podemos decir que a pesar de la influencia del ud en el desarrollo de la guitarra no es su verdadero antecesor. De acuerdo con esta teoría la guitarra española derivó del tanbur de los Hititas, a la kithara con "k" de los griegos y finalmente a la cithara con "c" de los romanos. Sin embargo, es posible que después de la llegada de los moros a España, la cithara romana y el ud arábico se hubieran mezclado e influenciado mutuamente durante varios siglos. No hay una documentación específica acerca de esto, pudiera ser que los constructores de uds y citharas hubieran visto el trabajo de los otros, extendido a través de las presentaciones de los trovadores viajeros. Por el año 1200 d.C. la guitarra de cuatro cuerdas había evolucionado en dos variedades: la guitarra morisca, que tenía un fondo redondeado, un mástil ancho y varias incisiones en la tapa para la salida del sonido, y la guitarra latina, que se parece más a la guitarra moderna con una sola boca y un mástil más estrecho.


  A finales del siglo XV la vihuela nació añadiendo dobles cuerdas e incrementado su tamaño. Era un instrumento de cuerda pulsada con un mástil más largo (la longitud vibrante de las cuerdas era de 72 a 79 cm.) con diez u once trastes y seis órdenes. La vihuela se convirtió en el instrumento preferido de las corte española y portuguesa y mantuvo su popularidad hasta finales del siglo XVII, cuando los instrumentos orquestales y de teclado se volvieron más populares.


 

Partes

de la guitarra



Este instrumento está fabricado con madera prácticamente en su totalidad y las clases empleadas en su fabricación son: palosanto de la India o de Brasil (Bulnesia o Sarmiento), abeto, cedro o ciprés y ébano, en función del tipo de guitarra (clásica o flamenca).


Básicamente, la guitarra está compuesta por la caja de resonancia, el mástil, el puente, el diapasón, los trastes, las cuerdas y el clavijero. Algunas guitarras poseen más de un diapasón (hasta un máximo conocido de 5 mástiles) o sobrepasan las 10 cuerdas.


Tras ser encolados todos los elementos que forman la caja de resonancia, se unen con el mástil y se incluyen refuerzos en el contorno de las dos tapas, en el centro del fondo y en las uniones inferiores y superiores de los aros.


Posteriormente se adhiere el diapasón. Entre el mástil y el clavijero se coloca la cejilla que sirve para apoyar y separar las cuerdas. La cejilla habitualmente es de marfil, hueso, plástico o incluso metál, en función de la calidad del instrumento.


Una vez han sido unidos, se procede a su barnizado. Existen dos formas de llevar a cabo este proceso, una más costosa y trabajosa que consiste en barnizar el instrumento a mano con goma laca; y la otra que es barnizar con una pistola a base de purioletano  que seca rápidamente.

El inconveniente de este último método es que el barniz forma una placa sobre la caja de resonancia que le resta sonido al instrumento.


Posteriormente se realiza el aplanado del diapasón y la colocación de los trastes, los cuales suelen ser de alpaca o latón. Es sumamente importante que el trasteado sea perfecto ya que de él depende la afinación de la guitarra.


Acto seguido, en la parte inferior de la tapa armónica se coloca el puente, que suele ser de palosanto y es donde van sujetas las cuerdas en ese extremo del instrumento.


Por último, se colocan las clavijas y las cuerdas. Antiguamente las cuerdas eran de tripa de animal pero en las guitarras modernas son de nylon.


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José D´Aragón